El término "estilo cognitivo" fue acuñado por Allport, en 1937, en referencia a la calidad de vida y de adaptación, que era influenciada por los diferentes tipos de personalidad. En los años cuarenta, Thurstone y Guilford identificaron factores de rapidez y flexibilidad perceptual a través del análisis factorial.


Actualmente el grupo formado por David Hunt, Joseph Hill, Rita y Kennneth Dunn se centra en la explicación de los procesos que condicionan el aprendizaje, sobre todo en referencia a las implicaciones multidimensionales. 


Se entiende como rasgos cognitivos a "los hábitos de procesamiento de información que representan el modo típico de una persona para percibir, pensar, solucionar problemas y recordar" (Messik, 1969).


Los rasgos cognitivos, como son definidos por Messick, son muy diferentes a las habilidades intelectuales o IQ; pues las habilidades se refieren al contenido de la cognición, que se refiere al tipo de información que está siendo procesada, por qué operación y en qué forma. Los estilos cognitivos se refieren a la preferencia para ser procesada una información; el IQ puede ser considerado como el quantum intelectual, difícil de definir por su evolución y por la incapacidad de las herramientas para detectar dicho potencial. 


Para la evaluación de los Factores Cognitivos, utilizamos como base el modelo VAK (visual, auditivo, kinestésico) que parte de los estudios en Programación Neurolingúistica (PNL), cuyos fundadores fueron Bandler y Grinder. La PNL se centra en el estudio de la relación cuerpo- mente y sus aplicaciones en la conducta, la comunicación y la emoción. El modelo VAK para el estudio de los Estilos de Aprendizaje mide la dominancia de uso de los canales por los cuales el ser humano percibe la información y se expresa.


Otra dimensión de los estilos de aprendizaje se refiere al área humana, es decir, la atención, la emoción y la evaluación. La psicología de la motivación se relaciona directamente con los procesos de las expectativas, los incentivos y el interés; éste a su vez describe el nivel general de atención y responsividad de un organismo que genera rasgos como la curiosidad, la exploración, el aburrimiento, la ansiedad y la frustración. El nivel óptimo de atención normalmente está en el punto intermedio del aburrimiento y la excitación. La expectativa en la certeza subjetiva de que un resultado particular seguirá a un acto particular; la satisfacción anticipada o la preferencia emocional están asociadas con la expectativa. Los incentivos son las consecuencias de un aprendizaje y pueden ser gratificaciones, actuales o simbólicas; los reforzadores positivos o negativos pueden ser vistos como incentivos por la persona. La motivación es el producto del interés, de la expectativa y del incentivo. Los rasgos afectivos se fundamentan en los procesos motivacionales como una forma de activar, dirigir y sostener una conducta. 


Las cualidades mentales emergen como dualidades; todos presentamos todas las características, pero tenemos tendencias innatas que nos orientan más a un polo de la dualidad, dando por resultado un conjunto de rasgos que sirven como mediadores en la relación con el aprendizaje.


 Isauro Blanco (2011). Los estilos de aprendizaje. En Limusa (Ed.) El universo de la inteligencia (pp. 183- 184).