En este programa, se enseña el proceso para responder de manera asertiva-adecuada a los conflictos siempre que sea posible, es decir, hablamos de asertividad útil o adaptativa. En los casos en que los alumnos no estén seguros de que la otra persona implicada en el conflicto pueda responder de forma asertiva, es mejor no decir nada y esperar a otro momento o pedir ayuda a la persona adecuada.

En los conflictos se pueden dar diferentes tipos de agresiones:

  • Agresión física: pegar, mojar, tirar piedras…
  • Agresión verbal: insultar, hablar mal, burlarse…
  • Exclusión social: no dejar participar, ignorar, echar fuera del grupo…

NO SE PUEDE ACEPTAR NINGÚN TIPO DE MALTRATO. HEMOS DE APOSTAR POR LA TOLERANCIA CERO A LAS CONDUCTAS AGRESIVAS.

El rol del niño agredido no es fácil: el que padece el “maltrato” no puede resolver los conflictos solo, necesita ayuda/apoyo de otros compañeros de clase y del profesor. El tutor tiene que guiar a los compañeros para que ayuden a la víctima con preguntas como las siguientes: 

¿Es  obligatorio que un niño  sufra en la escuela? ¿No es mejor que los niños sean felices y se lo pasen bien? A veces el niño que sufre tiene la personalidad “especial” pero antes de empezar a sufrir no la tenía. 

El rol de los “Observadores”: no podemos obviar el rol de los espectadores que a menudo aparecen en los conflictos recurrentes. Por un lado, los observadores pueden ayudar al niño agredido a salir de su rol y poder, de esta manera, solucionar los conflictos. También, los observadores pueden animar al agresor a mantener su rol. Es obvio que el profesor potenciará que los observadores ayuden al niño y retiren el apoyo al agresor. 

En este sentido, el profesor trabajará para reconocer y diferenciar entre “chivato” (soplón) y avisar de un problema. Ej. Modelos de situaciones consecutivas a trabajar: “¿Si nos robaran el coche, estaría mal avisar a la policía?" No. Si vemos que hacen sufrir a los demás tenemos que pedir ayuda a un adulto. 

El rol del niño que agrede, en la muchos de los casos, tampoco es fácil. Los alumnos que provocan la agresión responden a un malestar interno que puede ser generado por emociones como el miedo, la envidia... también tenemos que ayudarles para que puedan salir de este rol y no tengan más conductas agresivas.  A menudo, apoyados por el grupo hacen cosas que solos no harían. En conclusión, no podemos dejar solo al agresor pero tiene que dejar de actuar agresivamente.